La guerra

Sábado 11 de febrero de 2017
por  Agathe
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Fue en este país lejano que nadie hasta ahora conoce donde ocurrió este cuento. En aquel país lo que nos interesa son estos dos pueblos. ¿Los conocéis? Se llamaban Filin y Arok. Eran dos pueblos pacíficos el uno como el otro, pero cada uno tenía su historia propia. En Filin toda la gente estaba de buen humor, y todas las noches la población se encontraba en la plaza para contar cuentos e historias que les gustaban. En Arok, al contrario, la gente no salía de casa, cuando te paseabas por las calles nadie te saludaba, y si ibas a ver a un amigo a su casa no te dejaban entrar. ¡Vaya pueblo!

Filin estaba situado en una colina. Había casitas blancas con los tejados de pizarra. Mientras que Arok se encontraba detrás de la colina. Las enormes casas se veían a diez kilómetros. El problema es que en Arok vivía Carlos y en Filin Alejandro. Eran muy buenos amigos pero, claro, era difícil verse con esta situación. El que más nos interesa es Alejandro. Tenía once años y le gustaba la vida. Era un niño gracioso que siempre se ocupaba de los demás y que se preocupaba por ellos. Tenía el pelo rubio un poco largo. Jugaba siempre a fuera, solo, porque la verdad es que los otros niños del pueblo eran muy aburridos y las chicas… ¡Ni hablar! Entonces iba a jugar en los campos, con los caballos, los imitaba, se acostaba en la hierba seca y cuando volvía a su casa siempre tenia ramitas enganchadas en sus rizos. Un día de verano, un día muy caliente, cuando Alejandro fue a beber a la fuente, no quedaba agua. Entonces fue a ver al río, y tampoco. En el pueblo no quedaba ni una sola gota de agua. Cuando los cazadores fueron al bosque, tampoco quedaban animales. Entonces, decidieron alejarse del pueblo para cazar. Se encontraron con un hombre muy serio que ni siquiera les respondió cuando preguntaron a quién pertenecían estas tierras. Bueno, al final llegaron con los brazos llenos de animales muertos sin saber todavía de quien eran estas tierras. ¿Sabéis? Unos días después, la población de Arok vino a invadir Filín y empezó a matar gente. Durante años y años continuaron haciéndose la guerra, y durante todo ese tiempo Filín combatió sin comprender. Ya hacía mucho que habían olvidado aquel día en el que habían cazado en este territorio. Arok también había olvidado el porqué de esta situación. Solo Carlos se acordaba porque su padre era el alcalde de Arok y era el que había mandado esta guerra. Una mañana, cuando Alejandro encontró a su padre muerto en el suelo se sublevó y fue a buscar a Carlos para preguntarle la causa. Carlos le respondió:

" Hace unos años los cazadores de tu pueblo vinieron a matar animales en nuestras tierras, y claro mi padre se enfadó mucho y preparó la guerra contra vosotros. Alejandro respondió:

- Pero ni siquiera sabemos el porque de esa guerra ! ¿Por qué tu padre no va a ver al alcalde de Filín? Es lo mejor para arreglarlo. Carlos exclamó:
- Vamos nosotros dos para hablarle porque mi padre nunca vendrá”. Y así fue. Los dos niños fueron a encontrar al alcalde para decirle la causa de la guerra y cómo todo aquello no tenía sentido. El alcalde pensó un poco, comprendió y dijo:

“No sabíamos a quién pertenecían aquellas tierras y teníamos mucha hambre”.

Y para que les perdonaran les regaló muchas gallinas, toros, conejos...etc Acompañó a los dos niños hasta Arok y dió todos estos presentes a su rival.

De ese modo, el alcalde de Arok mandó acabar esa guerra e invitó al alcalde de Filín a una buena comida. Los dos alcaldes empezaron a ser amigos y los dos pueblos, al final se llevaron fenomenal y compartieron muchas cosas!!!

Fin♥